Art & Fear

Arte y miedo

Después de leer el libro Arte y miedo, de David Bayles y Ted Orland, me he quedado pensando en todo lo que a menudo no se dice sobre la creatividad: los miedos que la acompañan, la necesidad de practicar sin esperar resultados inmediatos, y el valor de expresarnos aunque no nos dediquemos profesionalmente a ello.
 
Estas ideas no solo son útiles para artistas, sino para cualquier persona que siente una chispa creativa en su interior y no sabe muy bien cómo acogerla.
 
Hacer algo creativo —aunque sea pequeño— puede hacernos sentir expuestos. Aparece el miedo: al fracaso, a hacerlo mal, a que nadie lo entienda. Pero, como dicen los autores, el miedo no es un error; es una señal de que lo que queremos hacer nos importa. La clave no está en eliminarlo, sino en continuar a pesar del miedo. Porque crear no es tener una gran idea y ejecutarla a la perfección. Crear es empezar, probar, equivocarse y seguir.
 
Arte y miedo lo ejemplifica con una historia sencilla pero reveladora. Un profesor de cerámica dividió su clase en dos grupos. Al primero le dijo que sería evaluado únicamente por la cantidad de piezas que produjeran: 50 kilos de cerámica serían un sobresaliente, 40 un aprobado, y así sucesivamente. Al segundo grupo, en cambio, se le pidió que hiciera solo una pieza, pero que fuera la mejor posible: se les evaluaría exclusivamente por la calidad. Al final del curso, el resultado fue claro: los alumnos del primer grupo —los que habían hecho muchas piezas sin buscar la perfección— acabaron creando las mejores obras. ¿Por qué? Porque al repetir, equivocarse, corregir y volver a intentar, aprendieron mucho más que los otros, que pasaron el tiempo planeando, reflexionando e intentando hacerlo perfecto… sin apenas tocar el barro. La lección es potente: no mejoramos imaginando cómo mejorar, sino haciendo, una y otra vez.
 
Crear no es solo una actividad artística. Es también una forma de vivir más conectados con nosotros mismos. Cuando escribes, pintas, cocinas, redecoras, compones o simplemente te expresas de forma intuitiva, no buscas reconocimiento: buscas escucharte. Dar forma a lo que llevas dentro. La creatividad no es un lujo reservado a unos pocos: es una necesidad sutil pero profunda, que nos ayuda a entendernos y a abrir ventanas dentro de nuestro día a día.
 
Aunque no seas artista, si tienes ganas de expresarte o de hacer algo distinto, no hace falta esperar a ser bueno para empezar. Empieza. Poco a poco. Y deja que el proceso te lleve a lugares a los que no habrías llegado solo pensando.




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